Una receta para los chocoadictos

Una de las cosas que más mola de cocinar es compartir lo que has cocinado con otras personas. Ver las caras de: «esto está cojonudo» a medida que se va probando la comida…, no sé, cuando pasa esto, me siento realizada y con esta receta de Babka de chocolate, lo he conseguido. Además de que estéticamente es muy bonita, tiene un sabor brutal.

La verdad, echo un poco de menos compartir esos momentos con mi familia, sobre todo, con mi tía Rebeca. Hace muchos años que no estamos en la misma ciudad pero, por lo menos antes, me podía escapar a verla… Bueno, voy a parar, vale ya de nostalgia porque siempre hay soluciones, por ejemplo, las videollamadas. Como vive en Alicante y todavía no han inventado el teletransporte se nos ocurrió ir cocinando juntas la misma receta: babka de chocolate para luego disfrutarla al mismo tiempo aunque no pudiéramos estar en el mismo espacio.

Nos reímos muchísimo, sobre todo porque yo me fui inventado algunas cosas y corrigiendo otras sobre la marcha. Hemos partido de la base de la receta original, adaptándola un poco a nuestros gustos, por ejemplo, no usar azúcar blanca, no añadirle el sirope, añadir un poco de leche a la masa, bueno, lo de la leche fue un error pero se acabo convirtiendo en un acierto porque nos quedó una masa súper elástica y con la que se trabaja súper bien.

Suena Mr. Moon de Jamiroquai por ser el último concierto al que fuimos juntas. ¡A bailar! Quiero decir… ¡a cocinar!

NOTA: Receta para 6-8 personas, aunque si estás tu solo o sois solo dos, si lo guardáis correctamente dura 6 días.

INGREDIENTES

Para la masa

  • 450 gr de harina de fuerza
  • 15 gr de levadura seca
  • 2 huevos
  • Ralladura de naranja (al gusto)
  • Una pizca de sal
  • 1 cucharadita de extracto de vainilla
  • 75 gr de mantequilla sin sal a temperatura ambiente.
  • 120 gr de leche
  • 50 gr de panela

Para el relleno

  • 15 gr de mantequilla sin sal
  • 80 gr de chocolate negro (yo he usado 70%) para fundir
  • 30 gr de azúcar de coco
  • 2 cucharadas de cacao en polvo

PREPARACIÓN

Preparación Reposo/ Horno Dificultad
1 1/2 hora 3 horas / 45 min Media

En un bol tamizamos la harina. Añadimos la levadura y mezclamos. En otro bol, batimos los huevos y añadimos el azúcar. Ahora poco a poco vamos añadiendo los huevos y el azúcar a nuestra masa de harina y mezclándolo todo súper bien. Ahora añadimos poquito a poco la leche. Echamos la ralladura de naranja, el extracto de vainilla y la sal y por último la mantequilla pomada, también poco a poco.

Si lo hacéis con máquina, echad todos los ingredientes sólido y luego poco a poco id añadiendo los huevos, la leche y la mantequilla a temperatura ambiente.

Si lo estamos haciendo con máquina amasamos hasta que nos quede una masa elástica y brillante. Si lo hacéis a mano, al principio nuestra masa será pegajosa pero una vez coja cuerpo, la podéis pasar a la mesa y seguir trabajándola allí hasta conseguir una masa uniforme y elástica. Aunque yo uso máquina, suelo terminar de amasar mis masas en la encimera.

Untamos un bol con un poquito de aceite de oliva, metemos nuestra masa y la dejamos reposar durante 2 horas y media tapando el bol con un film transparente. En verano quizá el tiempo de esta fermentación se acorta pero como el domingo hacía un poco de fresqui tardó más en crecer. No hace falta que doble su tamaño.

Como unos 20 minutos antes de que termine nuestro «tiempo de fermentación», nos ponemos con el relleno.

Ponemos un cazo con agua a fuego medio y encima un bol de cristal o acero. Vamos a hacer el relleno al baño maría. En primer lugar ponemos la mantequilla, cuando haya pasado a estado líquido añadimos el chocolate. Una vez fundido y mezclado homogéneamente con la mantequilla vamos añadiendo el azúcar poco a poco mientras mezclamos. Cuando tengamos una masa sin grumos, añadimos el cacao en polvo. Retiramos nuestro bol del fuego y terminamos de mezclar bien nuestro relleno. Será bastante denso pero si veis que es imposible de extender añadidle un poquito de leche. Lo dejamos enfriar mientras volvemos con la masa.

A ver si soy capaz de explicarme en condiciones:

Enharinamos nuestra superficie de trabajo y colocamos la masa. Hacemos un rectágulo como de unos 40/45 cm de largo y unos 25/30 cm de ancho.

La masa deberá tener un grosor de unos 3 milímetros aproximadamente.

Ahora extendemos nuestro relleno como si fuera la base de tomate de una pizza, dejando un centímetro de margen.

Por el lado más corto de nuestro rectángulo enrollamos la masa. Os quedará un cilindro. Id apretando la masa para que sea compacto. Ahora lo hacemos rodar un poco para estirar la longitud de nuestra masa. Cortamos este cilindro a la mitad verticalmente, es decir por el lado más largo y tenemos que girar estas mitades de tal forma que el relleno quede hacia arriba.

Cogemos los extremos de los dos trozos y los juntamos. Los trenzamos. Doblamos la masa como haciendo una U y pasando uno de los lados por encima del otro. Metemos los bordes de ambos lados hacia dentro.

Sé que es un poco lioso pero no dudéis en preguntarme o dejarme comentarios, yo encantada de responder a todas vuestras dudas.

Forramos con papel de horno un molde rectangular y a su vez untamos el papel del horno con un poco de mantequilla. Metemos nuestra masa dentro y la tapamos con un paño. Dejamos que repose 1 hora.

Precalentamos el horno a 200º.

Pasada la segunda fermentación nuestra masa habrá crecido un poquito y ya estará lista para hornear. La vamos a hornear a 200º durante 45 minutos, si veis que la parte de arriba se os está dorando demasiado, podéis hacerle un «gorro» de papel plata para que no se queme.

Cuando termine de hornearse no lo saquéis directamente del horno. Dejad que repose dentro unos 10 minutos. Dejamos que se enfríe un poco antes de desmoldarlo y lo ponemos sobre una rejilla para que termine de enfriarse del todo y ahora… ¡a comer!

Si lo guardamos correctamente dura unos 6 días sin ponerse duro como una piedra, bueno… si sois capaces de que os dure 6 días 😉

¡Nos vemos en la próxima receta!

 

 

 

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