Hace algunas semanas hicimos un pedido de vinos centrado sobre todo en vinos naturales a Vino&Compañía, que por cierto, echamos muchísimo de menos sus catas.
Pedimos varios vinos del viticultor Ismael Gozalo y por consejo de Andrés, el dueño de Vino&Compañía, cogimos también un par de botellas de Esteban Celemín, el vino del que os vamos a hablar hoy porque nos voló la cabeza con su aroma, su complejidad y su sabor.
Por cierto, a los post de vino me ayuda Jorge, mi chico porque se está metiendo cada vez más en este mundillo y me ayuda a darle a los textos un punto más informativo y pro 😉
Troglodita es un vino espumoso ancestral, un vino natural sin nada de sulfuroso añadido. Es absolutamente artesanal, degollado a mano sin congelación y después rellenado con el mismo vino a mano, es decir, para quien no controle mucho del tema… un currazo.
El vino nos gusto tanto que escribí un email a Esteban para felicitarle y que me contase más información sobre el vino, ya que por internet no se encuentra literalmente NADA y es un bajón no poder saber más de algo que nos había gustado tanto.
Según nos contó el propio Esteban, el vino está hecho con uva moscatel de grano muy menudo, de unos viñedos cercanos a su pueblo, Castronuño.
Este espumoso lo hizo al principio sólo para su padre, a quien le encantan este tipo de vinos achampanados. Primero intentó hacerlo seco pero no le convencía, así que decidió dejarlo con algo de azúcar (no añadido, cuando en un vino quieres dejar algo de azúcar significa que paras la fermentación de la uva antes de que esta transforme todo el azúcar en alcohol).
El vino está realmente delicioso, tanto es así que aunque el vino en principio eran sólo unas botellas para su padre, acabaron probándolo algunos sumilleres que se lo «quitaron de las manos».
El nombre troglodita se lo puso en homenaje a su padre, que tras una profesión llena de viajes, ahora que se ha jubilado no quiere volver a salir del valle de Las Alamedas. .. es en palabras del propio Esteban… «un troglodita».
De textura achampanada, pero con un sabor mucho más complejo. A mí en nariz me trajo aromas de manzana, de pera y de piedra humeda. En boca recuerda a fruta madura, como esa pera que ya se adivinaba en nariz, además tiene notas dulces de miel pero también un recuedo arcilloso…  Un vino realmente especial y único, del que por cierto se han producido poquísimas botellas.
Si os animáis a probarlo no dudéis en darle un toque a Andrés de Vino&Compañía, que quizá siga teniendo alguna.
¡Chin-chin!

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